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Enclavado en la zona zapatista de Chiapas, el pueblo de Altamirano se ha levantado en armas en contra de sus autoridades. Empuñando, principalmente machetes, pero cargando también palos y armas de fuego, hombres y mujeres de la comunidad asumieron las funciones del gobierno municipal y rechazan la llegada de la edil electa, Gabriela Roque. Rechazan, también, las acusaciones que han surgido en redes sociales, que los responsabilizan de haber secuestrado al alcalde saliente del pueblo, Roberto Pinto, pareja sentimental de la nueva edil. Ambos llegados al puesto de la mano del Partido Verde. “Eso es pura mentira, secuestrado no está. La verdad, él tiene atención médica, tiene alimentos y todo. Está detenido, pero ¿por qué está detenido? Porque queremos la presencia del licenciado (Andrés Manuel) López Obrador, que él ponga cartas en este asunto”, explicó uno de los pobladores que participan en el levantamiento.

Insisten en que está detenido debido a que el Consejo de Barrios exige que se legitime un gobierno de usos y costumbres, además de acusar a Pinto de narcotráfico y otros delitos, como un desfalco al erario y la compra de votos en favor de Roque, durante las pasadas elecciones donde resultó electa. “Si estamos ahorita aquí con palos, si estamos ahorita aquí con machetes, si estamos ahorita aquí con armas es porque hay gente, que, así también viene a amenazarnos pero, ¿Por qué? Porque están comprados por Gabriela Roque y Roberto Pinto (…) Tenemos hambre, tenemos sed, pero de justicia. Y no me da vergüenza, no me da miedo, si al rato me meten mi levantón, no me da miedo si al rato vienen cabrones y me quieren violar, no me da miedo”, sostuvo en entrevista una de las habitantes de Altamirano.

En el recorrido, se pudo constatar que todas las salidas del pueblo están resguardadas por los vecinos armados y que el edificio de la presidencia municipal fue quemado, mientras que el mobiliario, incluida una patrulla, fueron destruidos.

La población asegura que dichos daños fueron causados el día del Grito de Independencia por grupos de choque enviados por Pinto. “A propósito pagó gente ¿para qué? para que le echaran la culpa a nuestros compañeros comisariados, los compañeros ejidatarios, nuestras mujeres que estamos en lucha”, dijo una de las mujeres entrevistadas durante una reunión del Consejo de Barrios. “Nosotros no estamos golpeando a la gente, nosotros nos estamos defendiendo, nada más. Ellos sí nos tienen amenazados, tenemos demandas, tenemos todo, yo creo que aquí los compañeros si yo les preguntara, ¿quieren el consejo municipal?, abunda al respecto otro habitante y el Consejo de Barrios le contesta al unísono: ‘¡Sí!’”. Aunque, la rebelión en Altamirano, parece tener orígenes más profundos de lo que parece en un primer vistazo. “El 95 por ciento de la población es indígena y no puede ser posible que le sigan imponiendo gente que no es indígena, entonces, el municipio de Altamirano hoy dice: ¡ya basta! Ya basta, tenemos que transitar por nuestras libertades”, sostiene otro de los entrevistados. “¡Zapata vive! ¡La lucha sigue! ¡Zapata vive! ¡La lucha sigue!…”, grita la asamblea del Consejo de Barrios, alzando los puños cerrados y las armas al aire.

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