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Sobre la Libertad de Expresión y la traición de los medios a la sociedad civil y al periodismo mismo.

Por: Viridiana Reyes

Es 7 de junio y en México se celebra la Libertad de Expresión. Es común en esta fecha, felicitar a periodistas a pesar que hay un día del periodista y hasta un día del comunicólogo, que dicho sea de paso, también ocupan los confundidos colegas para felicitarse entre sí, pero de eso entraremos en detalles luego.

¿Será que el medio nos va volviendo adictos a los reflectores, ávidos de atención inmerecida, incongruentes con el principio que nos debe regir de traer noticia pero no ser noticia?

Si acaso hay un justificante para que el gremio periodístico (también) se adjudique una felicitación en esta fecha, donde se celebra un derecho humano de toda la sociedad civil, es por ser emisarios de la expresión y el sentir popular, no obstante la situación que viven los verdaderos mártires de la libertad de expresión.

En todo caso es una fecha para lamentar el punto en que se encuentra nuestro derecho a publicar verdades incómodas. ¿Es pues una felicitación obscena?

Pero que no se diga que soy aguafiestas, en una fecha donde esos clubes de periodistas y esas comisiones de defensa, que sólo viven de abanderar la causa que no defienden, obtienen dádivas de los gobernantes y funcionarios, regalos y reconocimientos manchados de la sangre de los que murieron haciendo periodismo, no recibiendo preseas.

¿Felicidades de qué? En un Veracruz donde ejercer la libertad de expresión es cada vez más peligroso y los que nos dedicamos a este ejercicio atravesamos una de las épocas más difíciles.

Los periodistas continúan laborando en un entorno hostil y falto de garantías, en situaciones de riesgo y donde predominan las carencias laborales.

Librar las batallas del día a día aferrándonos a esta pasión, se ha convertido en una quimera.

Las palabras se las lleva el viento, los hechos, esos sí, nos ganan o nos pierden para siempre. Reconocer apropiadamente a las y los periodistas en un día como hoy, teniendo como referente un derecho tan indispensable para la democracia como la libertad de expresión, sería hacer espacio en la agenda legislativa para reformar una ley hecha al vapor, proponerse reestructurar una comisión que solo fue creada como premio y agencia de colocación para los amigos y aliados en la época de Javier Duarte y que fueron espacios reclamados para los otros consentidos a la llegada de Miguel Ángel Yunes Linares, aplicando la máxima: “Muerto el Rey, Viva el Rey”.

Me refiero por supuesto, a la Ley de la Comisión para la Atención y Protección de Los Periodistas, al elefante blanco que en todos estos años no ha hecho más que pavonearse sin dar verdaderos resultados. Con comisionados de ornato, recorriendo el estado en un prolongado periodo de vacaciones pagadas con cargo a la comisión pero sin repercusión positiva en el gremio.

Se ostentan de ser un órgano autónomo, pero no representan al gremio. ¿Dónde estaba la CEAPP cuando mataron a María Elena Ferral, dónde cuando mataron a Moisés? Ni si quiera hubo un pronunciamiento oportuno al saber lo sucedido, y están como los gobiernos salientes y en turno, echándole la culpa a otros de la falta de resultados. Sus respuestas y posicionamientos cada que se suscita una pérdida en el gremio, tardan lo suficiente como para ser revisados por los que mueven los hilos y hacerlo políticamente correctos.

Para los funcionarios y legisladores, la mejor manera de retribuir a la libertad de expresión en este día, sería exigir prontitud en el esclarecimiento y aplicación de justicia en los casos de los compañeros asesinados por cumplir con su labor periodística.

Reconocernos sería legislar para que este grupo también vulnerable tenga garantías, porque no las tiene, ninguna. Y los concesionarios y empresarios de la prensa veracruzana, y tal vez de todo el país, no dan prestaciones ni cobertura médica a sus empleados, y son los primeros en recurrir a la figura de “colaborador” para deslindarse cuando los asesinan.

Tampoco pretendo victimizar al gremio, hay de todo en las familias, incluso algunos celebran más la libertad de extorsión que la de expresión. No justifico, pero las condiciones han orillado a que esta labor se prostituya, la falta de profesionalización y en otros casos la falta de moral, ha dañado considerablemente una profesión tan noble y respetable como muchas más.

La soberbia de muchos, nos ha valido el desprecio a otros.

No persigo el descrédito contra los colegas, sin dignidad valemos unos cuantos pesos, un ingreso económico extra e informal a costa de vender criterio y opinión pero sin la ética y responsabilidad para ejercer.

Con dignidad y ética no hay precio que nos compre.

Por eso desde aquí les digo que no hay nada que festejar. No hay nada, cuando se condiciona la libertad de expresión a un convenio publicitario, cuando se exige exclusividad, cuando confunden apoyo con alabanza, cuando no comprenden que la línea editorial debe ser autónoma, cuando no toleran la crítica con sustento, cuando son muy delgadas las capas de piel para aceptar los errores.

Bajo ese contexto, decir que nuestra labor abona a la democracia de un estado, es totalmente irresponsable, más aún, cuando nadie, absolutamente nadie se ocupa de este gremio miserable, sí, miserable. No se ofendan, ustedes los periodistas encumbrados, mercenarios, porque a ustedes no les duele, porque son carniceros de la información, porque han visto en esta profesión un modus vivendi que nos lacera a otros, trasladándose de su residencia a finos restaurantes en sus vehículos lujosos para saludar al mecenas y publicar después la entrevista a modo y gusto del cliente.

Digo que es un gremio miserable por las carencias laborales, mientras que el riesgo es latente.

Me refiero a miserable porque nadie se ocupa del periodista, el porta voz. Ven al comunicador como un vaso desechable, medio lleno en cada campaña electoral, vacío y descartable el resto del tiempo, no hay respeto. No hay porque dar felicitaciones obscenas , vámonos respetando para que nos respeten.

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